Antes de la intervención el local llevaba cerrado y sin uso unos 30 años. A lo largo del tiempo había sido una carbonería, una ferretería y finalmente una camisería.
El proyecto consistió en convertir el local en una casa pensada desde la relación entre las distintas estancias. La luz, los patios, el salón, la cocina y las habitaciones tenían que funcionar juntos, sin perder de vista las ideas del cliente y su manera de vivir.
La vivienda final cuenta con tres habitaciones. La principal se proyectó en suite, con baño y vestidor; las otras dos habitaciones tienen cada una su propio baño. El programa se completa con salón, comedor, cocina independiente y dos patios interiores.
La cocina mantiene su independencia, pero se conecta visualmente con el salón a través de un gran ventanal con estor. Esta solución permite separar usos sin aislar la cocina de la zona principal de la casa.